Los ataques de pánico son una de las consultas más frecuentes en salud mental. Se manifiestan a través de síntomas físicos y emocionales intensos que aparecen de manera repentina y generan un fuerte malestar. Comprender qué son, cómo se presentan y qué hacer frente a un familiar que los sufre es fundamental para acompañar de forma adecuada y buscar ayuda profesional a tiempo.
¿Qué son los ataques de pánico?
Un ataque de pánico es un episodio súbito de miedo o ansiedad intensa que alcanza su máxima intensidad en pocos minutos y se acompaña de síntomas físicos y psicológicos muy marcados.
Durante un ataque de pánico, la persona puede sentir que algo grave está por suceder, aunque no exista un peligro real. Estos episodios pueden presentarse de manera aislada o repetirse en el tiempo, dando lugar a lo que se conoce como trastorno de pánico.
Características principales
- Aparición repentina, sin aviso previo
- Pico de intensidad en pocos minutos
- Síntomas físicos intensos
- Sensación de peligro inminente
- Miedo a que el episodio vuelva a repetirse
Síntomas de los ataques de pánico
Los ataques de pánico suelen combinar síntomas físicos, emocionales y perceptivos. Según explica la psiquiatra Guillermina Allo, estos son algunos de los más frecuentes:
Síntomas físicos
- Sudoración excesiva
- Taquicardia o palpitaciones
- Mareos o sensación de inestabilidad
- Náuseas o malestar gastrointestinal
- Temblores
Síntomas psicológicos y perceptivos
- Miedo intenso a morir
- Sensación de perder el control o “volverse loco/a”
- Sensación de no estar en el propio cuerpo (despersonalización)
Aunque los síntomas son muy intensos, no representan un riesgo vital, y suelen disminuir progresivamente.
¿Cuánto dura un ataque de pánico?
Un ataque de pánico suele durar entre 5 y 30 minutos. En algunos casos, el malestar puede extenderse un poco más, pero la intensidad máxima es transitoria. Con el acompañamiento adecuado, los síntomas tienden a disminuir.
Qué hacer durante un ataque de pánico
Saber cómo actuar frente a un ataque de pánico puede ayudar a reducir el malestar y evitar que la situación se intensifique.
Recomendaciones generales
- Mantener la calma
- Hablar con voz tranquila y pausada
- Permanecer cerca de la persona
- Evitar discutir o contradecir lo que siente
- Acompañar hasta que el episodio disminuya
Cómo acompañar a un familiar que sufre ataques de pánico
El rol de la familia y del entorno cercano es clave. El psicólogo Pablo Carbone destaca que la primera acción fundamental es desdramatizar la situación.
Desdramatizar: el primer paso para ayudar
Desdramatizar no significa minimizar lo que la persona siente, sino transmitir calma y seguridad, evitando que el miedo se amplifique.
Algunas claves para lograrlo:
- Mantener una actitud serena
- Evitar gestos o palabras alarmistas
- No mostrar desesperación frente al episodio
- Recordar que el ataque es pasajero
- Acompañar sin presionar ni invadir
Cuando el entorno se mantiene tranquilo, la persona puede empezar a reducir la intensidad de los síntomas más rápidamente.
Qué evitar al acompañar un ataque de pánico
- Minimizar lo que la persona siente
- Decir frases como “no es nada” o “controlate”
- Forzar situaciones que generan miedo
- Retarse o culparse por lo que le pasa
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Es importante consultar con profesionales de salud mental cuando:
- Los ataques de pánico se repiten con frecuencia
- Existe miedo constante a que vuelvan a ocurrir
- La persona evita actividades cotidianas
- El malestar interfiere en la vida personal, social o laboral
El abordaje profesional puede incluir psicoterapia, acompañamiento psiquiátrico y herramientas para el manejo de la ansiedad. Si los ataques de pánico se repiten o generan un gran malestar, es importante no atravesarlo en soledad. En nuestro equipo de salud mental estamos para ayudarte. Podés contactarnos aquí para recibir orientación y acompañamiento profesional.
Acompañar también es cuidar
Los ataques de pánico generan un gran impacto emocional tanto en quien los padece como en su entorno. Contar con información clara, acompañamiento empático y apoyo profesional es fundamental para mejorar la calidad de vida y transitar el proceso de una manera más tranquila y contenida.





